Mi Opinión. · Federico Gómez Dangond


La segunda vida

Por Federico Gómez Dangond · Texto del manuscrito, sin fecha atribuida.

“Todos vivimos dos vidas, la segunda comienza cuando nos damos cuenta que es una sola”.

Nuestra naturaleza y cultura llevan a un viaje por diferentes etapas de la vida, iniciamos con una dependencia absoluta (infancia), independencia con cierta irreverencia (juventud), independencia absoluta (adultez) y finalmente, independencia relativa, particularmente por aspectos físicos. (vejez).

Durante la infancia, nuestros padres lo son todo, perfectos y referentes universales, acogemos sin cuestionamiento su criterio y conocimiento por medio del ejemplo, sin decisiones autónomas, solo preguntas; en la juventud, a ese criterio y conocimiento prestado le aparece un contrapeso proveniente del juicio con los amigos y otros referentes de la sociedad, confundiendo y normalmente llevando a dilemas y a decisiones, propias o endosadas, buenas y malas, pero, aún sin criterio autónomo; en la adultez inicial, la mezcla extraordinaria de valores de crianza, experiencia propia, idiosincrasia y cultura de nuestro entorno, forman un criterio y carácter personal, aun en proceso de maduración, pero propio; finalmente, en la adultez avanzada, sin buscarlo ni pensarlo, normalmente llega un punto de inflexión en el cual lo recorrido es tan largo y con tanto valor como lo que falta por venir, es en ese momento donde comenzamos nuestra segunda vida, paradójicamente, inquietos porque es una sola.

En la segunda vida, el criterio propio prima sobre todos los parámetros o estándares de la sociedad, prima la generación de valor en lo que realmente nos importa. El qué dirán, qué piensen no tiene relevancia, tenemos claro qué queremos, dónde queremos estar, con quién queremos estar y para dónde queremos ir. Es el primer momento en el cual uno realmente se convierte en dueño de su vida y comienza a actuar en consecuencia.

A la mayoría de las personas nos llega un momento de inflexión; algunos, por circunstancias particulares muy temprano (un amor, un desamor, una crisis, un accidente, una enfermedad, un éxito, una fortuna, una pasión, una pérdida, etc.), otros, independiente de circunstancias vividas, desafortunadamente, se le pasan los años sujetos a la aceptación de terceros, viviendo la vida de otros, de la sociedad en general o de referentes reales o ficticios, pero nunca una propia. De manera general, las personas encuentran este momento de inflexión entre los 40 y 50 años, producto de la experiencia y madurez, por fortuna, en la mitad de la vida activa, un equilibrio entre experiencia y juventud, mezcla maravillosa de la vida.

Es deseable vivir un camino, ritmo y destino propio, para poder sumar la mayor cantidad de momentos en paz y en armonía con nuestro auténtico ser. Todos los pasos de la segunda vida cumplen con el concepto “propio”, es un estado que no tiene compensación material.

Salud por la segunda vida, finalmente, es una sola.


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