En la actual era digital, prima la inmediatez y el sensacionalismo sobre la realidad, probablemente es buen negocio, pero ¡a qué costo! Es sorprendente cómo ciertos personajes con sus comentarios mueven la agenda mediática local, nacional e internacional, independientemente de la veracidad o factibilidad de ejecución, logran encauzar la sociedad en función de sus propósitos.
Difícilmente esos personajes van a cambiar su comportamiento, siempre han existido y se han arrogado el uso los medios disponibles en procura de persuadir, (des)informar, generar (des)confianza o incertidumbre, sin embargo, es viable brindar herramientas a la audiencia, que en su mayoría (no toda), es crédula, emocional, cómoda y desinformada, se nutre de titulares (que en oportunidades no corresponden con el contenido), sin profundizar en el tema.
De contra partida, los medios de comunicación profesionalmente estructurados siempre han tenido, hoy con mayor fuerza, la responsabilidad de orientar la sociedad. Las noticias no son buenas ni malas, cada receptor debe hacer su propio juicio, ese es un primer punto, con objetividad fortalecer el periodismo en su esencia originaria, diferenciándose de un juicio de valor circunstancial. Una noticia sin el debido contexto y referencia de evolución en el tiempo es tan positiva o negativa como la quiera presentar el titular. Segundo, es pertinente contar con filtros para diferenciar entre noticia y sensacionalismo, dado que este último vulnera los valores de la sociedad. Lastimosamente, venden más las noticias malas a costa de la confianza de la ciudadanía.
En contraste, un enfoque objetivo de los hechos con asertividad y esperanza en el corto, mediano y largo plazo resultaría ser buen negocio, partiendo del hecho de que la economía se basa en la confianza.
Los medios orientan a la sociedad, las audiencias buscan informarse para enfrentar los retos del día a día. Si el orientador suministra perspectivas negativas y sensacionalistas, en consecuencia, será su actuar.
Si el horóscopo pronosticara solamente aspectos negativos, con absoluta certeza nadie lo leería y se acabaría el negocio. El horóscopo es una esperanza, una ilusión de azar diario de muchas personas. Por alguna razón comercial en su mayoría tiene pronósticos positivos.
Las personas y la sociedad terminan siendo lo que se creen. A los medios de comunicación les corresponde el deber de orientar a la sociedad con objetividad, prospectiva y optimismo responsable para ponerla a soñar en un bienestar colectivo, coherente con su vocación natural. Con certeza, la audiencia se encargará de asimilarlo y hacerlo realidad.
La confianza de una sociedad parte de visualizar un futuro próspero.
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