Consecuente con los resultados del crecimiento socio-económico personal, parecería razonable procurar un mayor bienestar económico a los hijos, orientado a brindarles mejores oportunidades y posibilidades que aseguren su calidad de vida, sin percatarnos que podemos estar promoviendo lo contrario, aunque, con la mejor intención.
Considero que el cimiento de todo éxito contiene al menos uno o los dos siguientes componentes: necesidad de logro y/o motivación por un propósito superior.
El primero, naturalmente promueve la creatividad y esfuerzo para vivir en mejores condiciones, bien sea por la atención de necesidades básicas insatisfechas, referentes de la sociedad, o ambición por tener más.
El segundo, es una genuina vocación para contribuir al desarrollo de soluciones que atiendan necesidades de la sociedad. Afortunadamente, estas acciones incorporan en su esencia un dinamismo ilimitado, dado que siempre va a existir una mejor manera de hacerlo, por lo tanto, siempre habrá motivos para seguir evolucionando en el propósito superior.
Con frecuencia, en segundas generaciones patrimoniales, el costo de vida es mayor que el primer salario. Es probable que carezca de necesidades de logro, las tiene atendidas y que, por apoyarse en motivos de la generación anterior, carezca de una auténtica inquietud por identificar su propio propósito superior. Este podría ser el comienzo de una carrera ansiosa por satisfacer estándares socio-económicos creados por él mismo, restando importancia a una convicción y al largo plazo.
Por contraste, en primeras generaciones patrimoniales, el común denominador de personas exitosas, apoyadas en un acceso moderado a las oportunidades, necesidad de logro y/o motivación con vocación, consiguieron desde un comienzo tener una brecha positiva entre ingresos y egresos, construyeron paso a paso un futuro que con los años resultó ser referente apropiado de éxito. Sin embargo, me pregunto: ¿habrían tenido el mismo éxito con exceso de acceso? o ¿sus hijos con exceso de acceso lo van a tener?
Curiosamente, son proporcionales los casos de éxito de personas que tuvieron acceso moderado con los casos de fracasos de personas que tuvieron exceso de acceso, con el agravante que los últimos no se evidencian porque son subsidiados por la riqueza de la generación anterior. Siempre habrá excepciones a la norma.
Vale la pena reflexionar sobre los “privilegios” que promovemos a los hijos, para gestionar una adecuada necesidad de logro, motivación y comportamiento como si fuera la primera generación.
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